“Si algún día te sientes perdida, busca solo a las estrellas y ellas te darán la luz que necesitas”, dice una madre a Paulina, su hija. Con esta frase termina Tesoros, un unipersonal que convierte el escenario en un espacio para recordar, homenajear y acompañar una de las heridas más profundas de México: la desaparición forzada.
La obra —presentada el fin de semana del 9 de enero de 2026 en el Teatro “Félix Azuela”, en la Ciudad de México—, deja de lado el horror y el sensacionalismo para aproximarse desde el profundo amor que sostiene la búsqueda de las madres de personas desaparecidas.
Detrás de la propuesta está Jauría Teatro —una compañía independiente originaria de Xalapa, Veracruz— y Karla Piedra, actriz, dramaturga y productora, quien escribe e interpreta la obra con una gran responsabilidad ética y emocional.
Para ella, llevar este tema a escena implicó no solo un reto artístico, sino también un proceso personal de escucha, contención y cuidado:
“Siempre estuvimos buscando que este proyecto no fuera un panfleto amarillista ni nada por el estilo”, cuenta la artista en entrevista.
Escuchar antes de crear
Tesoros nació a partir de un encuentro con madres buscadoras en Colima. En esa conversación, ellas le dijeron a Piedra algo que marcaría el rumbo de la obra: “Ustedes son artistas, pueden dar voz a lo que nosotras gritamos y no nos escuchan”.
“Esa frase se me quedó muy grabada porque es cierto cómo a través del arte podemos difundir no solo la realidad de México, sino el mensaje y la lucha que ellas tienen. A partir de eso me puse a investigar y me impactó mucho”, cuenta.
Originaria de Veracruz —uno de los estados más afectados por la crisis de desapariciones—, la dramaturga ha vivido esta violencia de cerca. El hallazgo de la fosa clandestina de Colinas de Santa Fe, a pocos minutos de la casa de sus padres, y la desaparición del hermano de un amigo cercano hicieron que el tema dejara de ser lejano y se volviera personal y urgente.
“Para mí era bien fuerte saber que por las calles en las que yo andaba habían levantado al hijo de alguien”, menciona.
Transformar el dolor en memoria
El proceso de investigación y escritura le tomó cerca de diez meses. Durante ese tiempo, Piedra trabajó de forma cercana con el Colectivo Solecito de Veracruz, uno de los más emblemáticos del estado. El objetivo no era solo escuchar testimonios, sino comprender el contexto humano, emocional y legal que rodea las búsquedas.
El mayor reto fue llevar esas historias al escenario sin traicionar la memoria de quienes las compartieron. Para lograrlo, tuvo que aprender a separar la experiencia personal de la ficción, algo difícil cuando se trabaja con historias atravesadas por el dolor.
“Fue muy importante para el proceso actoral poder separar las emociones y condensar un poco todo lo que había observado y empatizado para poder ir seleccionando aquellos momentos importantes en la vida de ambos personajes, tanto de la hija como de la madre”, detalla.
La puesta en escena, dirigida por Martín Pérez Ramírez, usa un lenguaje sencillo y contenido. La escenografía a cargo de Jesús Morales, el vestuario de Rosa María Álvarez y la iluminación sobria crean un espacio en el que la palabra genera emociones sin recurrir a los excesos.
Actuar sin desbordarse: el cuidado emocional
Interpretar a Paulina, el personaje central de Tesoros, fue uno de los mayores retos para Karla. La actriz reconoce que el principal desafío fue la contención emocional: no desbordarse para no perder la honestidad del relato ni convertir el dolor en algo exagerado.
Consciente del impacto emocional del proceso, decidió llevar el proceso con el acompañamiento de una psicóloga. Este apoyo le ayudó a cuidar su salud mental y relacionarse con las madres buscadoras desde el respeto, por ejemplo, aprendiendo a hablar de sus hijos en tiempo presente, como ellas lo hacen.
“A pesar de que había mucha empatía, tenía que generar distancia y ser consciente de que esta no es mi historia, sino que soy un medio para contar”, explica. Ese límite fue clave para sostener la obra y para abordar el tema con sensibilidad y responsabilidad.
El significado de los “tesoros”
El corazón de la obra surge de una palabra que Piedra resignificó. Durante su investigación descubrió que las madres llaman “tesoros” a los restos y objetos que encuentran en sus búsquedas. A partir de ahí, construyó una relación con el personaje de Paulina, quien desde niña entierra en el patio de su casa objetos importantes para ella, como si se tratara de pequeños tesoros personales.
La obra traza un paralelismo entre ese gesto juguetón y la búsqueda adulta de las personas desaparecidas. Así, invita al público a cuestionarse qué es lo verdaderamente valioso y a comprender la dimensión del vínculo entre una madre y sus hijos e hijas.
“Durante el proceso comencé a cuestionarme cuáles eran los verdaderos tesoros que hay en la vida. Tuve entrevistas no solo con madres buscadoras, sino con mamás para conocer este miedo a perder a sus hijos y lo que significa un hijo para la vida de una madre”, detalla.
El amor como forma de resistencia
Tesoros, proyecto beneficiado por el PECDA Veracruz 2020 y participante del Festival de Monólogos, Teatro a una sola voz 2022, ha recorrido distintos escenarios de México y ha tenido presentaciones en España, Cuba y Bolivia. La respuesta del público ha sido empática y respetuosa.
Uno de los momentos más significativos para Karla ocurrió cuando, al final de una función, una madre buscadora se levantó del público para agradecerle. “Fue muy fuerte”, recuerda. Para ella, ese gesto confirmó que la obra había logrado transmitir su mensaje sin lastimar ni replicar la violencia.
Tesoros sigue recorriendo escenarios a lo largo de México. Cada función representa la posibilidad de abrir un espacio para la escucha y la memoria. En un país marcado por la desaparición forzada, la obra insiste en mirar el dolor con respeto y en recordar, desde el teatro, que el amor también es una forma de resistencia.
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