Un nuevo informe difundido por la organización alemana Beyond Fossil Fuels y respaldado por diversas ONG ambientales pone en entredicho las promesas de la industria tecnológica sobre los beneficios climáticos de la inteligencia artificial (IA), especialmente la generativa, debido a su elevado consumo energético y a la falta de evidencia científica que respalde dichas afirmaciones.
El análisis revisó 154 declaraciones públicas que sostienen que la IA podría tener un beneficio climático neto, incluidas las de empresas como Google y Microsoft, así como de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Según los resultados, solo el 26% de las afirmaciones citan artículos académicos publicados, mientras que el 36% no presentan ninguna prueba. En conjunto, el 74% de las declaraciones carecen de fundamentos sólidos o se apoyan en evidencia débil.
Las organizaciones participantes —entre ellas Green Web Foundation y Friends of the Earth US— señalan que esta es la primera revisión crítica sistemática de la narrativa que sostiene que la IA compensará el aumento de la demanda de combustibles fósiles generado por los centros de datos.
Centros de datos y emisiones en aumento
El debate se da en un contexto en el que el impacto climático de la infraestructura digital está bajo mayor escrutinio. Un estudio publicado en enero en la revista Patterns estimó que solo los centros de datos podrían haber emitido entre 32.6 y 79.7 millones de toneladas de dióxido de carbono en 2025, una cifra comparable a las emisiones anuales de un país europeo pequeño.
A pesar de ello, la AIE ha planteado que la IA podría reducir las emisiones globales hasta en 5% para 2035, al acelerar innovaciones en el sector energético, como el desarrollo de nuevos materiales para baterías o tecnologías solares. Sin embargo, el informe cuestiona que estas proyecciones se basen en modelos teóricos y no en mediciones empíricas verificables.
En el caso de Google, el documento critica que la empresa haya señalado que la IA podría mitigar entre 5% y 10% de las emisiones globales hacia 2030. Los investigadores rastrearon esa cifra hasta una publicación de 2021 de la consultora Boston Consulting Group (BCG), que extrapolaba resultados obtenidos con clientes específicos, lo que fue calificado como una generalización basada en pruebas anecdóticas.
IA generativa, sin reducciones verificables
El análisis también concluye que no se encontró “un solo ejemplo” en el que sistemas de IA generativa de consumo, como ChatGPT, Gemini o Copilot, hayan producido reducciones de emisiones “materiales, verificables y sustanciales”.
Además, las ONG advierten sobre contradicciones en la expansión de la infraestructura para IA, como la construcción de centrales de gas destinadas a abastecer de electricidad a centros de datos vinculados con empresas como Meta y OpenAI, lo que implica una dependencia directa de combustibles fósiles.
El informe sostiene que las afirmaciones sobre la “sostenibilidad de la IA” tienden a diluir las diferencias entre la IA generativa —con altos costos ambientales— y aplicaciones más tradicionales, como la predicción de patrones de viento, cuya huella es considerablemente menor..
Si bien los investigadores aclaran que esto no implica que la IA carezca por completo de beneficios climáticos, subrayan que, hasta ahora, existen pocas pruebas de que las reducciones potenciales compensen la energía necesaria para operar y expandir los sistemas actuales.
El estudio fue liderado por el analista climático y energético Ketan Joshi y se publica en vísperas de una cumbre internacional sobre el impacto de la IA en Nueva Delhi, en un momento en que el papel ambiental de las grandes tecnológicas vuelve a colocarse en el centro del debate público.
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