América Latina está entrando en una etapa distinta en materia de sostenibilidad corporativa: ya no se trata únicamente de “cumplir” o de publicar reportes para seguir la tendencia. Hoy, ESG (Ambiental, Social y de Gobernanza) se está consolidando como un componente estructural de la estrategia empresarial.
De acuerdo con la encuesta ESG Landscape LATAM 2025 de RSM, 82% de las empresas en la región considera que el desempeño ESG es esencial para su organización, confirmando que el tema dejó de ser un accesorio reputacional para convertirse en una prioridad de negocio.
Este giro se explica, en gran medida, por la transición que RSM resume en una frase clara: pasar de reportar a transformar. Reportar implica cumplir obligaciones regulatorias y divulgar información; transformar significa integrar la sostenibilidad a la operación, a los KPIs, a la gestión de riesgos y a la toma de decisiones.
En otras palabras, la sostenibilidad deja de ser un área aislada y se convierte en un habilitador de resiliencia y confianza. Y según el levantamiento de RSM —realizado a finales de 2025 con más de 250 empresas en 18 países—, la región ya está avanzando hacia esa integración activa.
Principales hallazgos
Uno de los cambios más relevantes para 2026 es que el reporte robusto está creciendo como prioridad, pero ya no como fin último. Una de cada cuatro empresas considera prioritario avanzar en reportes públicos, y aunque casi la mitad enfrenta dificultades para adaptarse a nuevas reglas, el reporte se mantiene como una prioridad central. Sin embargo, el mensaje de fondo es contundente: un buen reporte de huella de carbono y cambio climático debe ser el resultado natural de una estrategia sólida, especialmente ante el avance de estándares como IFRS S2.
En paralelo, la gobernanza y la gestión de riesgos ESG están tomando un protagonismo acelerado. La encuesta muestra que la priorización de estos temas creció 55% entre 2024 y 2025, al pasar de 47% a 73.4%. Esto refleja que las empresas están fortaleciendo intencionalmente su estructura interna para conectar ESG con la estrategia corporativa, y no solo con el área de comunicación o relaciones públicas.
Una gobernanza clara, con roles definidos, es hoy uno de los factores que más acelera la madurez ESG, y la brecha real ya no está entre países, sino entre empresas con estructura y empresas sin ella.
Otro motor decisivo es la presión regulatoria, que está impulsando la acción climática con mayor fuerza. México, Brasil y Chile están alineando sus cronogramas para exigir reportes bajo IFRS S1 y S2, lo que está elevando la prioridad del cambio climático y las emisiones de GEI en toda la región. En consecuencia, la prioridad asignada a cambio climático y emisiones aumentó 16 puntos porcentuales en 2025, alcanzando el 47%. La regulación, en este contexto, ya no se percibe como un freno, sino como un catalizador que obliga a profesionalizar procesos y acelerar capacidades.
Retos por superar
Sin embargo, el avance no está libre de obstáculos: el mayor freno sigue siendo la brecha de datos y talento. El 67% de las empresas reporta dificultades para medir KPIs de sostenibilidad o reconoce que carece de habilidades técnicas dentro de sus equipos. Y esto es crítico, porque sin datos confiables la toma de decisiones se vuelve ciega, y la transformación ESG queda limitada a buenas intenciones.
En este punto, el estudio también subraya que contar con un liderazgo dedicado a sostenibilidad cambia por completo el enfoque: las empresas con esa figura priorizan temas técnicos y estratégicos, mientras que las que no la tienen suelen quedarse en lo cultural, como diversidad o talento.
Finalmente, el mercado está reforzando esta evolución con una demanda creciente de transparencia: 45% de los clientes ya solicita información ESG a sus proveedores, por encima incluso de reguladores y empleados. Este dato confirma que ESG se está convirtiendo en un requisito comercial real, especialmente para quienes operan en cadenas de suministro internacionales.
En conjunto, el mensaje es claro: América Latina está pasando del “por qué” al “cómo”, y el cumplimiento regulatorio está mutando hacia una plataforma de innovación, reputación, inversión y crecimiento de largo plazo.
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