En el marco de WESS 2026, bajo el eje Planeta Hambre Cero, el primer panel “Los sistemas que alimentan al mundo” abrió la discusión sobre los desafíos estructurales que enfrenta la seguridad alimentaria global. La conversación evidenció que el problema no radicó únicamente en producir más alimentos, sino en transformar los sistemas que los sostienen.
Moderado por Manuel Chaparro, Founder & CEO de Renda Latam, el panel reunió a Zerene Kahan, Head of Corporate Affairs de Tetra Pak; Karen Polinesia, empresaria y creadora de contenido; Silvia Ávila Cholula, presidenta del Clúster de Plásticos y Economía Circular de Puebla; y Karla García Olguín, directora general de Mundo Ejecutivo Nuevo León, quienes abordaron desde distintas perspectivas los cuellos de botella del sistema alimentario.
Desperdicio y falta de medición: el cuello de botella
Uno de los principales ejes del panel fue el desperdicio de alimentos y la falta de datos precisos para dimensionarlo. Desde el sector industrial, Zerene Kahan subrayó que el problema comienza incluso antes de que los productos lleguen al consumidor.
“Hoy hay que separar dos cosas que solemos nombrar: pérdida y desperdicio. La pérdida es lo que se da en el campo, casi un 40% de lo que se produce se queda ahí, ya no hay recurso. Y el desperdicio es lo que llega al anaquel o a la casa y se tira también. El principal cuello de botella es la medición, porque estamos discutiendo muchas metas sin saber de dónde partimos”, explicó.
En ese sentido, también se destacó que en México se desperdician millones de toneladas de alimentos al año, lo que representa una oportunidad crítica para mejorar la eficiencia del sistema sin necesariamente incrementar la producción.
Economía circular y empaques: una cadena incompleta
También desde la perspectiva industrial, Silvia Ávila Cholula enfatizó que la transición hacia modelos circulares sigue siendo uno de los mayores retos en la cadena alimentaria, particularmente en el manejo de empaques y residuos.
“Debemos cuidar que los alimentos en los que se invierte energía, agua y actividad humana se preserven y se consuman. No solo hablamos de economía circular, sino de migrar hacia la simbiosis industrial, donde los residuos de una industria pueden ser la materia prima de otra. El reto más grande es reincorporar el material posconsumo a la cadena productiva sin que llegue al bote de basura”, detalló Silvia.
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Aimimso, la discusión puso sobre la mesa la necesidad de fortalecer marcos regulatorios, trazabilidad y participación de pequeñas y medianas empresas en estos procesos.
Conciencia social y consumo: el cambio desde el individuo
El panel igualmente abordó el papel del consumidor y la cultura alimentaria como factores determinantes en la transformación del sistema. En este punto, Ana Karen Velázquez Espinosa destacó el rol de la educación y la comunicación digital.
“Si queremos cambiar el mundo, primero tenemos que cambiar nosotros mismos. El cambio empieza en lo micro: en tu casa, en tu familia, en tu comunidad. Entre más conciencia tienes sobre el uso del alimento, también cambian tus hábitos. No se trata solo de producir más, sino de consumir mejor y con responsabilidad”, señaló Ana Polinesia.
Por su parte, desde el sector restaurantero, Karla García Olguín apuntó que el desperdicio es un problema estructural que atraviesa toda la cadena de valor.
“El alimento que más se rescata es el que no se desperdicia. Para nosotros representa mermas, pero también implica temas de conservación, inocuidad y transformación. Es un tema que va desde la producción hasta el consumo final, y requiere coordinación entre todos los eslabones”, afirmó Karla García.
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