jueves, marzo 19

En un entorno empresarial marcado por la urgencia climática y la presión por resultados inmediatos, liderar la agenda ambiental implica algo más que cumplir metas. Para Inti Pérez Casillas, directora de Sustentabilidad Corporativa en HEINEKEN México, el desafío ha sido posicionar la sustentabilidad como un eje estratégico del negocio mientras ejerce liderazgo en espacios donde, como mujer, las voces aún suelen ponerse en duda. 

“Uno de mis mayores retos no solo ha sido posicionar la sustentabilidad ambiental como un eje estratégico del negocio, sino hacerlo siendo mujer en espacios donde históricamente nuestras voces se cuestionan, se interrumpen o se ponen en duda”, reconoce. 

Frente a ese contexto, su respuesta ha sido construir una dualidad poderosa: disciplina técnica respaldada por datos y una gestión empática capaz de acompañar procesos de transformación organizacional complejos. 

“Creo que el liderazgo de las mujeres aporta la capacidad de inspirar desde la coherencia, demostrando día a día que construir un mundo mejor no es solo un propósito, sino una responsabilidad que requiere decisiones técnicas, disciplina y colaboración”, afirma. 

Liderar con evidencia y empatía 

Pérez Casillas encontró en la claridad técnica su principal herramienta de legitimidad:

“Descubrí que la fuerza no está en alzar la voz, sino en sostenerla con claridad y evidencia, con un liderazgo firme, empático y muy consciente de las emociones que acompañan la transformación”. 

Esa combinación le ha permitido convertir indicadores ambientales en un lenguaje compartido dentro de la organización. “Me ha funcionado sostener conversaciones difíciles desde la claridad, usar los datos ambientales como lenguaje compartido y mostrar con evidencia cómo la sustentabilidad fortalece la resiliencia del negocio”, comenta. 

Para ella, liderar desde la escucha es clave, ya que le permite entender los miedos detrás de cada resistencia y convertirlos en oportunidades para avanzar hacia un modelo realmente regenerativo. En esa convergencia entre rigor y sensibilidad, la sustentabilidad deja de ser una agenda paralela y se convierte en un componente central de la continuidad operativa. 

Defender el largo plazo en una industria intensiva 

En una industria como la cervecera, intensiva en recursos, el reto no se limita a la descarbonización o la gestión hídrica. El mayor desafío, subraya, es sostener la visión de largo plazo cuando la presión del corto plazo domina la conversación. 

“En general, en cualquier tipo de industria, el mayor desafío en materia ambiental es defender los objetivos de largo plazo aun cuando la presión del corto plazo es intensa. El reto radica en articular nuestra estrategia ambiental para que no sea vista de forma aislada, logrando traducir los objetivos y ambiciones globales en una influencia directa sobre cómo invertimos y operamos día con día para la permanencia a futuro”, sostiene. 

En el caso de HEINEKEN México, la estrategia “Brindar un Mundo Mejor” integra metas que viven en plantas, logística y cadena de suministro, donde los objetivos climáticos no son un “extra”, sino parte integral de cómo se trabaja diariamente, conectando agua, energía, descarbonización y circularidad con decisiones concretas de negocio. 

Cultura, redes y nuevas generaciones 

Para que la sostenibilidad trascienda el discurso corporativo, debe convertirse en una ambición compartida. “La sostenibilidad se vuelve cultura cuando deja de ser solo un área y se convierte en una ambición compartida”, afirma. Eso implica que quienes ejecutan —en operación, compras, logística o finanzas— se sientan parte del propósito. 

“Aquí es donde el liderazgo femenino aporta algo valioso: la capacidad de escuchar, conectar y hacer que cada persona comprenda su impacto ambiental sin sentirse ajena o intimidada”, destaca. 

En el marco del 8M, Pérez Casillas define lo que significa hoy ser mujer en el sesgo de la sostenibilidad:

“Es la capacidad de sostener la urgencia ambiental con disciplina, y al mismo tiempo, humanizar el cambio organizacional […]. También es demostrar que podemos liderar estratégicamente y que nuestra forma de liderar —colaborativa, empática, incluyente— es un activo ambiental y empresarial”. 

También enfatiza la responsabilidad de abrir espacios para otras mujeres y de construir alianzas y redes internas y externas, ya que, asegura, la transformación ambiental jamás sucede sola: “Los grandes cambios los empujan equipos transversales y aliados entusiastas por la misma agenda”. 

La directiva resume su mensaje en una invitación a las jóvenes interesadas en desarrollarse profesionalmente en este ámbito:

“No tengas miedo de ser profundamente técnica y humana al mismo tiempo; la sustentabilidad necesita mujeres que sepan explicar una huella de carbono con la misma claridad con la que explican por qué importa”, reitera. 

En esa combinación de evidencia, propósito y colaboración, el liderazgo de las mujeres demuestra que puede convertir la sostenibilidad en un motor estratégico de resiliencia y permanencia empresarial. 

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