En medio de la crisis de desapariciones que atraviesa México, un nuevo tipo de herramienta digital ha comenzado a circular en redes sociales como TikTok y Facebook: las llamadas “fichas vivas”. Se trata de videos creados con inteligencia artificial (IA) en los que personas desaparecidas “hablan”, cuentan quiénes son y a quiénes extrañan, con el objetivo de devolverles presencia en el espacio público y sensibilizar a la sociedad.
Estas piezas forman parte de un proyecto impulsado por el Colectivo Luz de Esperanza, en Jalisco, el estado con más personas desaparecidas en el país. El fenómeno fue analizado en un estudio publicado en la revista Inter Disciplina de la UNAM, que documenta cómo las familias —en su mayoría madres buscadoras— han reapropiado la IA como una herramienta de denuncia, memoria y acción colectiva.
El análisis fue realizado por Luis Josué Lugo Sánchez del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, Cruz Tornay, doctora en Comunicación y máster en Estudios de Género y Desarrollo Profesional por la Universidad de Sevilla, y Edgar Zúñiga, candidato a doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM.
Videos en los que la ausencia toma voz
Las “fichas vivas” son retratos animados de dos a tres minutos en los que el rostro de una persona desaparecida cobra movimiento y voz. A través de modelos de visión por computadora, animación facial y síntesis de voz, los familiares reconstruyen digitalmente a sus seres queridos para que expliquen quiénes son y qué vínculos dejaron atrás.
A diferencia de una ficha tradicional de búsqueda, el relato no está mediado por instituciones ni por empresas tecnológicas: es la familia quien decide qué se dice, cómo y cuándo. El estudio subraya que no se trata de un algoritmo que “predice” una identidad, sino de una voz que reclama presencia aquí y ahora.
El contexto en el que surgen estas iniciativas es alarmante. Jalisco encabeza la lista nacional de desapariciones, con más de 15 mil 300 personas sin localizar, de las cuales casi 7 mil son hombres jóvenes de entre 15 y 34 años. Solo en la zona metropolitana de Guadalajara se identificaron 28 sitios de exterminio en un año.
A nivel nacional, el registro de la Secretaría de Gobernación contabiliza 125 mil 287 personas desaparecidas. El 90% de estos casos ocurrió a partir de 2006 y más de 60 mil desde 2019. Las cifras muestran patrones claros: hombres jóvenes y mujeres que desaparecen, en muchos casos, desde la adolescencia.
@mayelimariscal Con el uso de Inteligencia Artificial, el Colectivo Luz de Esperanza integra en las fichas de búsqueda digitales la voz de las personas que están ausentes para que cuenten su historia y a través de medios digitales, llegar a más personas que puedan ofrecer alguna información que ayude a localizarles. Héctor Daniel Flores Fernández, Carlos Maximiliano Romero Meza, Jonathan Alejandro Cosio Gutiérrez, Alejandra Guadalupe Campos Lomelí y Yesenia Araceli Gómez Castañeda, son las personas que compartirán sus casos de ausencia gracias a esta herramienta tecnológica. Esta «Campaña de difusión y reclamo de justicia, así como la presentación con vida de todas y todos los desaparecidos», como ellos mismos la han denominado, está integrada El Colectivo Luz de Esperanza contó con la colaboración de la red de apoyo Alas de Libertad, y en la primera etapa son cinco videos los que se replicarán con esta estrategia, aunque de a poco, sumarán a más personas.
De la ficha en papel a la presencia digital
El estudio destaca una diferencia clave frente al activismo tradicional. Mientras los carteles físicos suelen ser retirados por autoridades para “limpiar” la imagen urbana, las fichas digitales circulan, se replican y reaparecen en distintas plataformas, lo que dificulta su silenciamiento.
Estas reconstrucciones digitales amplían la búsqueda a entornos onlife, donde se mezclan lo digital y lo presencial, y han logrado llegar incluso a audiencias internacionales en países como Estados Unidos y Rusia.
Más allá de su componente técnico, las “fichas vivas” representan una resignificación política de la IA. De acuerdo con los autores del estudio, herramientas diseñadas bajo lógicas del capitalismo digital son transformadas por las familias en tecnologías de esperanza, capaces de humanizar cifras que suelen presentarse de forma abstracta.
Al ver a una persona desaparecida hablar y expresar a quién extraña, se rompe el letargo del espectador. La investigación subraya que esta “búsqueda en vida” no asume la muerte, sino que materializa una presencia que interpela.
Del dolor a la acción colectiva
El análisis retoma a autores como Melucci y Reguillo para explicar el proceso que atraviesan los colectivos de buscadoras. Primero, el dolor paralizante de la pérdida; después, el encuentro con otras familias que comparten la misma ausencia; y finalmente, la acción colectiva, donde la IA se convierte en una herramienta para transformar la tristeza en actuación pública.
En un país en el que solo el 25% de las mujeres tiene alfabetización en IA, que colectivos liderados mayoritariamente por madres logren apropiarse de estas tecnologías es leído como un acto de soberanía tecnológica, aunque no está exento de riesgos.
Riesgos, brechas y vigilancia
El estudio advierte sobre los peligros que enfrentan quienes impulsan estas iniciativas: desde vigilancia estatal y espionaje de telecomunicaciones, hasta extorsiones digitales mediante deepfakes creados por grupos criminales. A ello se suma la dependencia de organizaciones externas para la producción técnica de los videos, lo que limita la autonomía total del proyecto.
Aun así, los investigadores coinciden en que las “fichas vivas” no sustituyen a las fichas en papel: las expanden y las potencian, dándoles una vida digital difícil de borrar y obligando a mirar de frente una crisis que, en muchos espacios, se ha normalizado.
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