El megaproyecto turístico Perfect Day México, impulsado por la empresa internacional de cruceros Royal Caribbean, encendió alertas ambientales en el Caribe mexicano por la afectación que tendría en el hábitat de al menos 59 especies silvestres, incluidas algunas en peligro de extinción como el ocelote, el tigrillo y la tortuga blanca.
La propia compañía reconoció ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), a través de su Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), que la construcción del complejo —que contempla albercas, toboganes, áreas recreativas y una operación turística de gran escala en los terrenos del puerto Costa Maya— implicaría un “impacto negativo significativo” para la fauna silvestre que utiliza los predios proyectados como zonas de refugio, alimentación y desplazamiento.
Hábitat en juego
De acuerdo con la MIA, 15 de las especies identificadas están en alguna categoría de riesgo, mientras que tres —el ocelote, el tigrillo y la tortuga blanca— están catalogadas como en peligro de extinción. La naviera reconoce que las labores de construcción —como deshierbe, excavación y relleno— podrán desplazar a estos ejemplares y generar estrés e incluso la muerte en algunos casos, aunque afirma que no se espera una “pérdida total del hábitat” ni la desaparición de núcleos reproductivos.
El análisis también admite que el área intervenida —con una huella de 82.58 hectáreas, de las cuales cerca de 30 serán directamente afectadas y 16 sufrirán cambio de uso de suelo forestal— se ubica dentro de una zona ambientalmente sensible, donde existen manglares, humedales y selvas ribereñas que sostienen biodiversidad clave.
Protestas y preocupaciones ciudadanas
Además del impacto directo en fauna y en vegetación, grupos ambientalistas han impulsado campañas de oposición al proyecto, como la iniciativa Salvemos Mahahual en plataformas digitales, que alerta sobre la amenaza al equilibrio ecológico y a la biodiversidad costera que rodea al segundo arrecife de coral más grande del mundo.
Las críticas mencionan que la infraestructura planeada —un parque acuático de 90 hectáreas sobre zonas de manglar— vulnera una barrera natural crucial para la vida marina y para las comunidades locales.

Esta oposición no solo enfatiza el riesgo para especies marinas como tortugas y manatíes, sino también los efectos para las personas que dependen de los recursos costeros y de la pesca artesanal, así como los posibles riesgos derivados del aumento de visitantes diarios —estimados en miles si el proyecto se concreta— y de la transformación del paisaje natural.
Medidas de mitigación y respuesta empresarial
Frente a estas preocupaciones, Royal Caribbean incluyó en la MIA un paquete de cinco medidas de mitigación, que incluyen protocolos de captura, reubicación y liberación supervisada de ejemplares de fauna en riesgo, así como capacitación para el personal y vigilancia activa en las zonas de obra. La empresa también se comprometió a conservar 45 hectáreas de manglar y dos hectáreas de cuerpos de agua asociados a humedales bajo programas de restauración y conservación.
Sin embargo, ambientalistas y habitantes han señalado que estas medidas podrían no ser suficientes para contrarrestar los efectos de la transformación del hábitat, ya que su recuperación ecológica depende de factores complejos como la conectividad con otras áreas naturales y la ausencia de perturbaciones continuas.
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