Lejos de centrarse en la sustitución de empleos, las especialistas coincidieron en que la IA debe entenderse como una herramienta de habilitación del talento. Anel García, socia directora de Whittaker México, fue enfática al señalar la urgencia de su adopción:
“No importa tu edad, no importa tu generación, tienes que capacitar, aprender y normalizar la inteligencia artificial como una herramienta de trabajo y hoy está al alcance de todos, pero no es algo nuevo”, señala.
En la misma línea, Cristina Mesón, vicepresidenta de Recursos Humanos de Grupo Lala, subrayó que la IA es un medio, no un fin. Su implementación impulsa procesos de upskilling y reskilling que resultan clave para la adaptación de las organizaciones a la nueva economía digital.
La IA como aliada: del reemplazo a la habilitación del talento
Durante el panel se planteó que la integración de la IA debe sostenerse en una estrategia clara que contemple la capacitación segmentada, el fomento de una mentalidad de aprendizaje continuo y la alineación cultural dentro de las empresas.
Mientras que en los niveles operativos la tecnología permite automatizar tareas, en los niveles de liderazgo se convierte en un soporte para la toma de decisiones estratégicas. Sin embargo, esta transición exige reducir la resistencia al cambio y promover una actitud abierta hacia la innovación, especialmente en contextos donde el temor al reemplazo aún persiste.
Otro de los ejes centrales de la conversación fue el papel del bienestar en la adopción tecnológica. Noemí Zozaya, CEO de Evoluzion at Work, introdujo el concepto de “sustentabilidad humana” como un factor determinante para el éxito organizacional.
“Hoy, no es qué obtengo yo como empresa de los colaboradores nada más, sino yo qué le doy a los colaboradores para que cuando salgan de la empresa, si llegaran a tener que salir voluntariamente, se vuelvan más valiosos tanto a nivel personal como a nivel profesional”, explicó.
En este sentido, el bienestar dejó de plantearse como un beneficio adicional para convertirse en una plataforma operativa que permite que la tecnología potencie el criterio humano, en lugar de replicar errores de forma automatizada.
El valor del sello humano frente a la automatización
A pesar de los avances tecnológicos, las panelistas coincidieron en que existen capacidades que la IA no puede replicar: la empatía, la comunicación y el juicio ético. Estas habilidades, tradicionalmente subestimadas, hoy adquieren un valor estratégico en la industria 4.0.
Teresa López Pelcastre, directora de Atención a Clientes Felices en Brivé, ejemplificó cómo el enfoque en la experiencia humana sigue siendo central dentro de las organizaciones. Asimismo, advirtió sobre el riesgo de “romantizar” la tecnología.
“A mí no me gusta romantizarlo y me gusta ser muy directa, porque sí, la inteligencia artificial, la robótica, el machine learning, todo eso va a venir a quitar empleos, pero va a construir otros y necesitamos estar preparados para ello. Y por ello es importante preguntarnos, ¿yo como persona qué valor puedo dar para que la inteligencia artificial vaya a través de mí?”, señaló.
Integración tecnológica, datos y liderazgo intergeneracional
La transformación digital también implica un cambio en la dinámica del talento. Lizeth Quintanilla, directora de Talento de Veolia México, compartió el caso de “Sofía”, un chatbot disponible 24/7 que convive con colaboradores con más de 45 años de experiencia, demostrando que la IA puede potenciar el conocimiento acumulado en lugar de sustituirlo.
Por su parte, Zaira Lorena Zepeda, CEO de Unlockeday, enfatizó que para las PyMEs la clave está en la combinación de datos y machine learning. Sin información de calidad, la IA carece de valor; pero con ella, puede convertirse en un aliado estratégico para la toma de decisiones.
Para que esta integración sea efectiva, las especialistas coincidieron en la necesidad de establecer propósito, garantizar seguridad psicológica —donde el error sea parte del aprendizaje—, evaluar la capacidad real de los equipos y redefinir las métricas hacia el impacto y la calidad del trabajo.
Una inteligencia sin género y con propósito
Como reflexión final, el panel destacó que la inteligencia no tiene género y que el acceso a las herramientas tecnológicas debe ser equitativo, ya que el verdadero reto no está en la adopción de la IA, sino en evitar que esta deshumanice la toma de decisiones.
“La inteligencia no tiene género… hay que homologar todo”, fue el consenso.
En este contexto, la IA se consolida como un catalizador de transformación, pero el talento humano, con su capacidad de adaptación, empatía y juicio, permanece como el activo más relevante para las empresas.
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