jueves, febrero 5

En el marco del Tratado de Aguas de 1944, México y Estados Unidos acordaron un plan técnico para la gestión del agua en la cuenca del Río Bravo, en un contexto marcado por la sequía extrema que afecta a la región fronteriza. El acuerdo se construyó a partir de un trabajo técnico y político sostenido entre ambos países y se apega a los mecanismos previstos en el propio Tratado.

El plan traza una ruta clara para la administración del recurso hídrico, con pleno respeto a la soberanía de ambas naciones. Además, se establece que las acciones contempladas buscan garantizar el derecho humano al agua y a la alimentación de las comunidades en México.

Entregas de agua y prioridad al consumo humano

Como parte del acuerdo, México confirmó su disposición a garantizar la entrega de una cantidad mínima anual de agua, conforme a lo convenido entre ambos países. Esta entrega estará sujeta a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos estipulados en el Tratado de 1944.

El plan también prioriza el abastecimiento de agua para consumo humano y para la producción agrícola, en un escenario de escasez hídrica que ha impactado de manera sostenida a la región del Río Bravo.

Planeación y adaptación frente a la sequía

El acuerdo alcanzado permite fortalecer una gestión más ordenada del recurso hídrico en la cuenca, así como avanzar hacia una planeación con mayor previsibilidad y responsabilidad compartida ante los efectos de la sequía. En este sentido, se contempla la incorporación de infraestructura y acciones de adaptación de largo plazo.

Finalmente, el gobierno de México reiteró su compromiso con el Tratado de Aguas de 1944 como un instrumento vigente para la cooperación binacional, así como con la protección de las actividades productivas y agrícolas en el territorio nacional.

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