Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, una fecha instaurada por la Convención de Ramsar desde 1971 para visibilizar y promover la conservación de estos ecosistemas vitales en todo el mundo. México suscribió este tratado en 1986, y desde entonces ha designado más de 140 sitios como de “importancia internacional” por sus funciones ecológicas y sociales.
¿Por qué importan los humedales?
Los humedales —como manglares, marismas, cenotes, lagunas costeras, ciénegas o humedales de montaña— son ecosistemas estratégicos que cumplen diferentes funciones. Una de ella es que son como esponjas naturales que absorben agua de lluvia, regulan inundaciones y recargan acuíferos.
Asimismo, actúan como filtros del agua —ya que mejoran su calidad al retener sedimentos y contaminantes—, almacenan carbono y ayudan a mitigar el cambio climático y son refugio para miles de especies de flora y fauna, muchas de ellas en riesgo de extinción.
Además, proveen bienes y servicios que sostienen medios de vida locales, desde la pesca hasta el turismo de naturaleza. Pese a ello, estos ecosistemas están bajo presión por la urbanización, la contaminación, la sobreexplotación del agua y cambios de uso de suelo. Por eso, te compartimos cuatro acciones que puedes realizar para contribuir a su protección.
4 maneras en que las personas pueden ayudar
1. Participar y apoyar acciones comunitarias locales
Una forma concreta de involucrarse es sumarse a iniciativas que ya operan en México para conservar humedales específicos. Un ejemplo de esto son las campañas de CEMDA (Centro Mexicano de Derecho Ambiental) que trabajan con comunidades y gobiernos para generar políticas públicas y conciencia social sobre la importancia de estos ecosistemas.
Otra iniciativa es la de Las Guardianas del Conchalito en Baja California Sur, un grupo de mujeres que desde 2017 ha restaurado y monitorea el estuario manglar de El Conchalito, combatiendo degradación y fomentando prácticas sostenibles.
Finalmente, un proyecto que se desarrolla en la Ciudad de México es el de Refugio Chinampa, que consiste en restaurar el humedal de Xochimilco, en colaboración con cerca de 20 chinamperos para proteger al ajolote mexicano y limpiar el agua. Consiste en adaptar canales, separándolos de los principales con biofiltros de plantas nativas, para bloquear especies invasoras —como carpas y tilapias— y crear hábitats limpios.
2. Ahorrar y gestionar responsablemente el agua
El uso excesivo de agua reduce el flujo hacia los humedales y altera su equilibrio hídrico. En la vida cotidiana, reparar fugas, usar dispositivos ahorradores y reutilizar agua cuando sea posible ayuda a que haya más recurso disponible para mantener saludables estos ecosistemas.
Además, el uso racional del agua también disminuye la presión sobre los ríos y cuerpos de agua que alimentan humedales urbanos y rurales.
3. Reducir, reciclar y evitar contaminantes
La basura y los productos químicos que se vierten en drenajes y cuerpos de agua terminan afectando a los humedales. Reducir el uso de plásticos de un solo uso, elegir productos biodegradables y participar en programas de reciclaje ayuda a disminuir la contaminación.
La adopción de hábitos responsables con los residuos domésticos y de jardinería también reduce la carga de contaminantes que llegan a estos ambientes sensibles.
4. Informarse y exigir mejores políticas públicas ambientales
La protección de los humedales no depende solo de acciones individuales, sino también de mejores normas y su cumplimiento. Organizaciones como Pronatura México y Conservación Internacional México trabajan en la conservación de ecosistemas prioritarios en todo el país, incluida la preservación de humedales, y promueven estrategias de manejo sostenible y educación ambiental.
Conocer y apoyar estos esfuerzos, así como participar en consultas ciudadanas sobre proyectos de desarrollo que puedan afectar a los humedales, es fundamental para su protección a largo plazo.
La celebración del Día Mundial de los Humedales nos recuerda que estos ambientes no son solo espacios remotos o “naturaleza lejana”: son sistemas que nos dan agua limpia, alimentos, resiliencia climática y biodiversidad. Protegerlos exige tanto cambios personales como acciones colectivas y políticas públicas efectivas. Cada decisión puede sumar para conservar estos pulmones acuáticos.
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