Cada 6 de enero, millones de niñas y niños reciben nuevos juguetes por parte de los Reyes Magos. Sin embargo, luego de la emoción ocurre una situación de la que se habla poco: muchos de los juguetes viejos terminan olvidados y, con frecuencia, en la basura. Esto no solo desaprovecha recursos, sino que agrava la crisis de residuos que enfrenta el planeta.
Los juguetes suelen estar hechos de distintos materiales —plásticos, metales, componentes electrónicos— que no se degradan fácilmente en rellenos sanitarios. Una investigación de la Universidad de Panamá publicada en 2023 muestra que una gran mayoría de los plásticos utilizados en estos productos no son reciclables y alrededor del 80% terminan en vertederos o incluso en el océano.
En México, aunque no existen aún normas específicas para el manejo de residuos de juguetes, la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos establece principios de reducción, reutilización y reciclaje de residuos sólidos. Además, desde el 1 de enero de 2026 en la Ciudad de México es obligatoria la separación de residuos.
Clasificar antes de desechar: la primera regla
La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) recomienda separar y clasificar los residuos en el hogar para facilitar su reciclaje efectivo. Esto incluye separar papel, cartón, plásticos y aparatos eléctricos y electrónicos antes de entregarlos a centros de acopio, lo cual evita que materiales reutilizables se mezclen con basura común.
Al depurar juguetes, divide los artículos en estas categorías:
- En buen estado: listos para donar o intercambiar.
- Reparables: pueden extender su vida útil con arreglos simples.
- No reutilizables: pero con posibilidad de reciclar algunos de sus componentes.
- Electrónicos y con pilas: requieren disposición especial.
Opciones sustentables para darles nueva vida
1. Donación y reutilización:
Antes de desechar juguetes en buen estado, considera donarlos a organizaciones, albergues o escuelas que promueven la reutilización. Esto reduce la demanda de productos nuevos y fomenta la cultura de compartir.
2. Mercados de trueque y centros de acopio:
En la Ciudad de México, la Sedema suele impulsar mercados de trueque en los que la ciudadanía puede intercambiar residuos reciclables por productos sustentables, promoviendo la separación en casa y la responsabilidad ambiental. Aunque no reciben específicamente juguetes, estos espacios son una alternativa para llevar materiales como plásticos, papel y cartón.
3. Manejo adecuado de electrónicos y pilas:
Los juguetes con componentes eléctricos o que funcionan con pilas no deben tirarse con la basura común. La Organización Mundial de la Salud (OMS) menciona que los aparatos contienen sustancias peligrosas como plomo y mercurio, que pueden contaminar suelo y agua si se desechan de forma inadecuada. Existen puntos limpios y gestores autorizados para este tipo de residuos en muchas ciudades de México.
Reparar y educar: acciones con impacto duradero
Reparar juguetes que solo tienen daños menores no solo evita residuos, sino que puede convertirse en una actividad familiar que enseña a niñas y niños valores ambientales. Talleres comunitarios o actividades educativas sobre el ciclo de vida de los productos ayudan a comprender que el consumo responsable no termina con una compra, sino con el manejo consciente de lo que ya tenemos.
Transformar la tradición de Reyes Magos en una oportunidad ambiental solo se logra si reflexionamos sobre qué regalamos y cómo gestionamos lo que ya no se usa. Clasificar, donar, reparar y reciclar no son solo acciones aisladas: son pasos hacia un estilo de vida que respeta recursos y cuida el planeta para las generaciones futuras.
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