jueves, abril 9

Un virus que hasta ahora se asociaba exclusivamente con especies marinas fue identificado como causante de daño ocular en humanos. El hallazgo, respaldado por la revista Nature Microbiology, documentó en China por primera vez el salto de este patógeno al organismo humano, en un fenómeno que especialistas ya observan con cautela.

Se trata del nodavirus de la mortalidad encubierta (CMNV), un virus de ARN conocido en la acuicultura por afectar a camarones, peces y moluscos. Hoy, es vinculado con una enfermedad ocular emergente: la uveítis anterior viral hipertensiva ocular persistente (POH-VAU), cuya causa había sido hasta ahora desconocida.

Síntomas, casos y posibles riesgos

El estudio analizó a 70 pacientes diagnosticados entre 2022 y 2025, quienes presentaron síntomas como enrojecimiento ocular persistente, molestias y visión borrosa. La enfermedad se caracteriza por inflamación del iris y un aumento sostenido de la presión intraocular, una combinación que, de no tratarse, puede derivar en daño permanente a la visión.

Todos los pacientes recibieron tratamiento antiinflamatorio, pero alrededor de un tercio requirió cirugía y uno de los casos derivó en ceguera irreversible.

Además, la investigación identificó patrones claros de exposición: el 71.4% de los casos estuvo relacionado con la manipulación de animales acuáticos sin protección o el consumo de mariscos crudos, actividades que podrían facilitar el contagio.

Un virus con capacidad de salto entre especies

El CMNV destaca por su presencia en múltiples especies acuáticas, desde camarones —como Penaeus vannamei— hasta cangrejos y peces. Esta baja especificidad de huésped ha llamado la atención de los científicos, ya que podría explicar su capacidad de “saltar” entre especies, incluido el ser humano.

Experimentos en laboratorio reforzaron esta hipótesis. En modelos animales, el virus provocó daños en la córnea, el iris y la retina, además de incrementar la presión intraocular en ratones en menos de un mes. También se comprobó que puede infectar células de mamíferos en condiciones in vitro, lo que respalda su potencial zoonótico.

Asimismo, se observó que el virus puede transmitirse entre animales al compartir agua, lo que sugiere una alta capacidad de propagación en ambientes húmedos.

Entre la alerta científica y el llamado a la calma

Aunque el hallazgo representa un hito —al tratarse del primer caso documentado de un virus de origen marino que causa enfermedad directa en humanos—, especialistas piden evitar conclusiones precipitadas. Aun así, reconocen que persisten interrogantes clave, como el mecanismo que permitió al virus adaptarse al organismo humano y afectar de manera tan específica la visión.

En un contexto marcado por el cambio climático y la creciente interacción entre humanos y ecosistemas acuáticos, este caso abre nuevas líneas de investigación sobre enfermedades emergentes y los riesgos asociados a los virus de origen animal.

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