En el marco del Día Mundial de la Salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) hicieron un llamado a renovar el compromiso con la ciencia como base para garantizar una mejor salud para todas las personas. Bajo el lema “Juntos por la ciencia”, la campaña impulsa una agenda de salud pública que se extenderá durante todo el año.
De acuerdo con ambas organizaciones, los avances científicos han transformado de manera significativa la salud humana en el último siglo. Entre los logros destacados se encuentra la reducción de más del 40% en la mortalidad materna desde el año 2000 y una disminución superior al 50% en la mortalidad infantil en menores de cinco años.
Asimismo, enfermedades que antes eran potencialmente mortales —como la hipertensión, el cáncer o la infección por VIH— hoy pueden ser manejadas gracias a innovaciones en tecnología y conocimiento médico.
La ciencia como motor del progreso sanitario
A pesar de los avances, el organismo internacional advierte que los desafíos en materia de salud continúan en aumento. Factores como el cambio climático, la degradación ambiental, las tensiones geopolíticas y los cambios demográficos están impulsando nuevas amenazas, incluyendo enfermedades emergentes con potencial epidémico o pandémico, así como sistemas de salud bajo presión.
En este contexto, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, subrayó el papel central del conocimiento científico:
“La ciencia es una de las herramientas más poderosas de la humanidad para proteger y mejorar la salud […]. Hoy en día las personas en todos los países viven, en promedio, más tiempo y con mejor salud que sus antepasados. Las vacunas, la penicilina, la teoría de los gérmenes, las máquinas de resonancia magnética y la secuenciación del genoma humano son solo algunos de los logros científicos que han salvado vidas”, sostuvo.
Innovación y acceso: claves para salvar vidas
La OPS/OMS destacó que el impacto de la ciencia depende de su adopción y acceso. Ejemplos concretos incluyen la evolución de la anestesia moderna, que ha permitido realizar cirugías seguras y accesibles, así como los programas de inmunización que, en los últimos 50 años, han salvado a más de 154 millones de niños.
En particular, las vacunas han sido determinantes al reducir en 40% la mortalidad infantil, con casos emblemáticos como la vacuna contra el sarampión, que ha salvado cerca de 59 millones de vidas. A ello se suman avances en detección temprana, como los monitores de presión arterial o las mamografías, que han mejorado significativamente los resultados en salud.
Avances y retos en las Américas
En la región, la OPS ha liderado importantes hitos sanitarios. Las Américas fueron la primera región en eliminar el poliovirus salvaje en 1994, además de avanzar en la erradicación de enfermedades prevenibles mediante vacunación como la viruela, el sarampión y la rubéola.
Actualmente, el organismo impulsa la eliminación de más de 30 enfermedades para 2030, entre ellas la malaria, la tuberculosis y el cáncer de cuello uterino. También ha fortalecido el acceso a vacunas y medicamentos mediante mecanismos regionales de compra conjunta, además de coordinar la respuesta ante emergencias sanitarias como el Zika y la pandemia de COVID-19.
El director de la OPS, Jarbas Barbosa, enfatizó que “la ciencia salva vidas” y añadió que “mejora la salud y el bienestar, y fortalece las economías”. En ese sentido, reiteró el compromiso del organismo para impulsar la colaboración científica y garantizar que sus beneficios lleguen a toda la población.
Cooperación internacional para un futuro saludable
Como parte de esta agenda, la OMS y la presidencia del G7 —encabezada por Francia— convocaron a una cumbre “Una Salud” en Lyon del 5 al 7 de abril, con la participación de líderes políticos, científicos y comunidades. Asimismo, del 7 al 9 de abril se llevará a cabo el Foro Mundial de Centros Colaboradores, que reunirá a representantes de más de 800 organizaciones de más de 80 países.
Finalmente, la OPS/OMS subrayó que la ciencia debe seguir guiando la toma de decisiones en salud pública, desde enfermedades infecciosas hasta salud mental, nutrición y riesgos ambientales. Los avances alcanzados, concluyen, demuestran que la cooperación basada en evidencia científica no solo permite responder mejor a las crisis, sino también construir sistemas de salud más equitativos y resilientes a futuro.
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