El Banco Mundial reafirma su compromiso con Kirguistán mediante reuniones clave entre el ministro de Recursos Naturales, Medio Ambiente y Supervisión Técnica, Meder Mashiev, y Sameh Naguib Wahba, director regional para el Desarrollo Sostenible en Europa y Asia Central.
Esta colaboración se centra en mejorar la calidad del aire, aumentar la resiliencia climática y avanzar en la Agenda de Montaña; alineándose con programas nacionales de adaptación ambiental. El diálogo destaca la importancia de soluciones modernas para mitigar riesgos ambientales en un país mayoritariamente montañoso.
Kirguistán enfrenta desafíos urgentes como la contaminación del aire en ciudades como Bishkek, donde el proyecto «Mejora de la Calidad del Aire en Kirguistán», financiado por el Banco Mundial con 50 millones de dólares, busca reducir emisiones de PM2.5 y gases de efecto invernadero. Iniciativas incluyen el fortalecimiento de sistemas de monitoreo, subsidios para calefacción limpia en hogares y un cinturón verde piloto para absorber contaminantes. Estas medidas no solo protegen la salud pública, sino que también impulsan el desarrollo económico al minimizar los impactos negativos de la polución.

El ministro Mashiev enfatizó el rol del Banco Mundial en la ejecución de programas nacionales, incluyendo un proyecto de ley de acción climática que establecerá mecanismos legales y económicos para una transición hacia un desarrollo bajo en carbono. Esta legislación busca integrar soluciones innovadoras en la gestión ambiental, promoviendo una economía sostenible en un contexto de vulnerabilidad climática. Wahba, por su parte, expresó la disposición continua del Banco Mundial para ampliar esta cooperación, reconociendo el diálogo constructivo.
La Agenda de Montaña, otro pilar de las discusiones, aborda los retos únicos de las regiones altoandinas, donde Kirguistán ha albergado foros globales como el World Mountain Forum para priorizar el desarrollo sostenible. Esta agenda alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), enfocándose en la adaptación al cambio climático, conservación de ecosistemas y cadenas de valor resilientes. Proyectos complementarios, como la restauración de bosques y pastizales con apoyo de la FAO, refuerzan estos esfuerzos.
En un panorama más amplio, el Banco Mundial ha invertido históricamente en Kirguistán con proyectos como el de Energías Renovables, financiado con 67.7 millones de dólares para promover hidroeléctricas pequeñas, solar y participación privada. Estas intervenciones mitigan déficits energéticos y combaten el cambio climático, complementando reformas sectoriales. El enfoque programático permite escalabilidad, atrayendo más financiamiento internacional.
Esta alianza entre Kirguistán y el Banco Mundial ejemplifica cómo la cooperación internacional puede catalizar transiciones ecológicas en naciones en desarrollo. Al priorizar la calidad del aire y la sostenibilidad montañosa, se sientan bases para un futuro resiliente, con lecciones valiosas para otros países en Asia Central y más allá. La implementación exitosa dependerá de la coordinación intersectorial y la adopción de tecnologías limpias.
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