martes, mayo 26

La selva amazónica deja de ser sumidero; ahora emite más CO2 al año, según la comunidad científica. El cambio emerge por incendios, sequías y temperaturas altas, y la cifra alcanza cerca de 1.000 millones de toneladas anuales; este dato señala un giro preocupante en la dinámica del clima global.

La pérdida de capacidad de absorción exige reducir con urgencia las emisiones de combustibles fósiles para evitar más retroalimentaciones.

Emisiones medidas con aeronaves

Un estudio publicado en Nature recogió 600 perfiles verticales de gases entre 2010 y 2018; investigadores midieron CO2 y monóxido de carbono hasta 4.500 metros sobre el Amazonas. Esos datos muestran que las quemas generan grandes pulsos de emisiones y que regiones enteras cambian de sumidero a fuente, especialmente donde la deforestación y las sequías se combinan.

Las quemas son responsables de la mayor parte de las emisiones; muchas ocurren por abrir tierras para ganadería y soja. Además, aun sin incendios, el aumento de temperaturas y la sequía convierten al sureste amazónico en emisora neta de CO2, lo que agrava el calentamiento.

Papel de la degradación forestal

El análisis con observaciones satelitales de microondas reveló que la degradación explica el 73% de la pérdida de carbono; la deforestación aporta el 27% restante. La degradación no borra el bosque por completo; sin embargo, reduce humedad, estructura y la capacidad de fijar carbono; así se debilita el ecosistema.

Ese deterioro actúa junto con la tala y las quemas para reducir la superficie viva que realiza fotosíntesis; por tanto, la selva pierde eficiencia como sumidero. Científicos advierten que la combinación de factores crea un ciclo de retroalimentación que favorece más emisiones.

Impactos en clima y precipitaciones

La deforestación altera el clima local; estudios muestran aumentos térmicos de hasta 2,5 °C en zonas del sureste durante la estación seca. Al mismo tiempo, las lluvias disminuyen de manera notable; registros indican caídas de precipitación de 24–34% en áreas deforestadas.

Esa modificación del régimen hídrico y térmico retroalimenta la sequía y facilita incendios futuros; en consecuencia, la selva pierde más masa y emite más CO2. La situación confirma la advertencia de los investigadores: sin acción rápida, el Amazonas dejará de mitigar el cambio climático.

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