lunes, enero 12

Las operaciones de la empresa aeroespacial SpaceX, propiedad de Elon Musk, han abierto un debate ambiental en la frontera entre México y Estados Unidos. De acuerdo con un posicionamiento de Greenpeace México, los lanzamientos del programa Starship desde la base de Boca Chica, Texas, han provocado impactos ambientales directos en territorio mexicano, particularmente en el estado de Tamaulipas, donde comunidades y ecosistemas costeros han resultado afectados.

Desde junio de 2023, la organización ambiental sostiene que residuos derivados de pruebas y lanzamientos de Starship han caído en playas, zonas rurales y aguas del Golfo de México. Estos desechos, que incluyen restos metálicos, plásticos y componentes del sistema de propulsión, habrían llegado a México tras explosiones durante el despegue, fallas en vuelo o reingresos a la atmósfera.

Escombros espaciales en ecosistemas costeros

Según información recopilada por Greenpeace y testimonios de la organización local Conibio Global, al menos 16 pruebas y lanzamientos del programa Starship se han realizado desde 2019, y en nueve de ellos se identificaron restos de cohetes en territorio mexicano. Una de las zonas más afectadas es Playa Bagdad, cerca de Matamoros, aunque también se reportan impactos en el Ejido La Burrita, El Mezquital y áreas marinas del Golfo de México, así como en zonas protegidas como la Laguna Madre y el delta del Río Bravo.

Entre los materiales encontrados se reportan tanques de gas, láminas de acero, piezas de aluminio, fragmentos de plástico y residuos sintéticos, así como propulsores del tamaño de un camión localizados en el fondo marino. Greenpeace señala que esta contaminación ha afectado playas, vegetación costera y fauna, incluida la muerte de más de 800 tortugas recién nacidas que no lograron desovar en Playa Bagdad tras uno de los lanzamientos.

Daños ambientales y tensiones en la frontera

El impacto no se limita a residuos visibles. Reportes de autoridades y organizaciones civiles documentan vegetación quemada, contaminación del suelo y altos niveles de ruido percibidos por pescadores locales. La organización advierte que el estrés acústico y las vibraciones podrían alterar los patrones de comportamiento de aves y peces, generar desplazamientos de fauna y producir efectos acumulativos si los lanzamientos continúan de manera regular.

La situación se habría agravado en junio de 2025, cuando una nave de SpaceX explotó en un banco de pruebas cercano a la frontera, provocando la quema de manglares del lado mexicano. Además, Greenpeace y Conibio reportan un episodio que califican como una crisis de soberanía, luego de que en Playa Bagdad aparecieran señalamientos de “Área Restringida” presuntamente vinculados al Departamento de Defensa de Estados Unidos, los cuales fueron retirados tras la intervención de la Secretaría de Marina.

En su posicionamiento, Greenpeace plantea que los impactos ambientales atribuidos a SpaceX evidencian un problema más amplio sobre la responsabilidad de las grandes corporaciones en la crisis climática. La organización cuestiona que los costos ambientales recaigan en comunidades locales y ecosistemas, mientras proyectos de exploración espacial avanzan sin, aseguran, asumir plenamente las consecuencias de sus operaciones.

El debate no gira únicamente en torno al desarrollo tecnológico, sino a quién debe asumir el costo ambiental de estas actividades y bajo qué mecanismos se garantiza la protección de los ecosistemas y la soberanía ambiental de México.

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