lunes, mayo 4

La Comisión Europea dio luz verde a la implementación del Reglamento contra la Deforestación (EUDR), considerado uno de los instrumentos más ambiciosos para frenar la pérdida de bosques a nivel global. Sin embargo, la propuesta de excluir al cuero de esta normativa ha generado una fuerte reacción por parte de organizaciones ambientalistas, que advierten sobre posibles vacíos regulatorios.

El EUDR establece que empresas que comercialicen en la Unión Europea materias primas como soja, cacao, café, aceite de palma, madera, caucho y ganado deberán garantizar que estos productos no provienen de tierras deforestadas después de 2020. La legislación busca introducir mecanismos de trazabilidad obligatoria en las cadenas de suministro y responsabilizar a las compañías por el origen de sus insumos.

Excludión del cuero

No obstante, en el proceso de implementación, la Comisión Europea propuso ajustes técnicos para facilitar la aplicación de la ley, entre ellos la exclusión del cuero. La medida responde a argumentos del sector industrial, que sostiene que este material es un subproducto de la industria cárnica y, por tanto, no constituye un motor directo de la deforestación.

La organización Greenpeace rechazó esta propuesta y la calificó como “inaceptable”. En su posicionamiento, advirtió que el cuero está intrínsecamente ligado a la ganadería, una de las principales causas de deforestación en regiones como la Amazonía. Desde su perspectiva, dejar fuera este material podría debilitar significativamente el alcance de la normativa europea.

El debate se da en un contexto de creciente presión internacional para frenar la pérdida de ecosistemas forestales. Datos recientes indican que cada año se pierden millones de hectáreas de bosques, principalmente por la expansión agrícola y ganadera destinada a satisfacer la demanda global de materias primas. En este escenario, la Unión Europea figura como uno de los principales mercados de destino de productos vinculados a estos procesos.

Incertidumbre con el reglamento

Además de la controversia sobre el cuero, organizaciones civiles han manifestado inquietudes sobre otros aspectos del reglamento, como la clasificación de países según su nivel de riesgo de deforestación. Señalan que una categorización laxa podría abrir la puerta a importaciones con impactos ambientales significativos, debilitando los objetivos del EUDR.

Pese a las críticas, la Comisión Europea ha reiterado que no se reabrirá el texto base de la legislación, sino que se mantendrá su estructura principal. La normativa comenzará a aplicarse en diciembre de 2026 para grandes empresas, mientras que las pequeñas y medianas tendrán un periodo adicional de adaptación.

El futuro del reglamento dependerá en gran medida de cómo se resuelvan estas tensiones entre ambición ambiental y presiones económicas. Para organizaciones como Greenpeace, la inclusión o exclusión del cuero será un indicador clave del compromiso real de la Unión Europea con la protección de los bosques a nivel global.

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