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Fundación Mexicana de Sanación Pránica: espiritualidad, santuario interior

espiritualidad

La espiritualidad es un aspecto esencial del ser humano. Es una vida interior, algo que no es mente ni cuerpo, sino espíritu. Es algo más amplio que una religión, un proceso dinámico mediante el cual las personas encontramos trascendencia, un sentido final a la vida… a nuestro ser interior.

La espiritualidad es algo más profundo de la psicología de la personalidad de cada uno, es nuestro santuario interior donde el reconocimiento de uno mismo va más allá de la reflexión analítica, y se abre a la confrontación metafísica y teológica con el abismo de lo desconocido, ya presente.

Se conoce por espiritualidad a un concepto propio de la filosofía, su explicación varía según la corriente de pensamiento que se consulte.

Es un concepto complejo que abarca diferentes contextos e ideologías. Conforme el punto de vista el cual se considere a la espiritualidad, ésta puede verse como la cualidad del espíritu. Visto así, se considera a este último como el sentido amplio de la espiritualidad.

Cuando se lo considera a partir de un individuo tiene que ver más con cuestiones culturales y morales. Este es el sentido más restringido de la espiritualidad y señala los rasgos del espíritu de esa persona.

De acuerdo con su propia espiritualidad es como esa persona decide actuar, también se conoce a esto como la virtud de alguien.

Sin importar la ideología filosófica que intente explicar a la espiritualidad, se puede llegar a definir a la misma de esta forma: la espiritualidad trasciende lo terrenal, así como también trasciende lo material.

La espiritualidad tiene que ver con alimentar el interior propio y poner en práctica una serie de valores que nos representen.

Dicen que existe un breve momento en la vida en el que te sientes más perdido que nunca y que ese es el momento de un encuentro. Un encuentro contigo mismo, con tus abismos, con tus miedos, con tu alma. Algo que tiene mucho que ver con la espiritualidad.

Según la filosofía hindú, la espiritualidad radica en estas cuatro grandes leyes:

  1. La persona que llega a tu vida siempre es la persona correcta. Esta de las primeras leyes de la espiritualidad nos enseña que nadie llega a nuestra vida por casualidad. Todas las personas que nos rodean están ahí por algo, incluso las personas tóxicas. 

En cada intercambio y en cada momento, todos nos aportamos algo. Vivimos en un mundo con tonalidades grises. Todo, absolutamente todo, suma en la vida. Esta es la razón por la que debemos tener una buena predisposición hacia los demás y no desestimar ningún aprendizaje.

  1. Lo que sucede es la única cosa que podría haber sucedido. La segunda de las leyes de la espiritualidad nos muestra que nada de lo que acontece en nuestras vidas podría haber sido de otra forma.

Desde que pasó lo que pasó ya es lo único que podía haber pasado. Lo que nos sucede es lo que nos tiene que suceder, lo adecuado en cada momento y a través de lo cual tenemos que extraer un significado concreto.

Estamos acostumbrados a pensar en lo que podría haber sido, en crear situaciones hipotéticas en las que actuábamos de otra manera y, como consecuencia, obteníamos otro resultado.

Cada cambio genera situaciones impredecibles; por esto, debemos aceptar que lo que sucede ya lo ha hecho y no hay otras posibilidades. Lo hecho, hecho está. Cada uno de nuestros comportamientos generará en nuestro entorno una cadena secuencial de acontecimientos que marcan nuestro camino.

Somos una casualidad llena de intención. No nos amarguemos con lo que podíamos haber hecho y no hicimos, cada cosa tiene su momento y lleva su tiempo asumir los aprendizajes necesarios.

Como dicen: no puedes hacer una maratón si antes no caminaste y no puedes caminar si antes no gateaste. En definitiva, no podemos evitar dar los pasos necesarios en la vida.

  1. Cualquier momento en el que algo comienza es el momento correcto. La tercera de las leyes de la espiritualidad no dice que lo que comienza lo hace en el momento adecuado siempre, ni antes ni después. 

Lo nuevo en nuestra vida aparece porque nosotros lo atraemos, y estamos preparados para verlo y disfrutarlo. Entendiendo esto, aceptaremos que cuando la vida pone algo en nuestro camino tenemos que disfrutarlo.

No esperes que llegue el momento perfecto… Toma el momento y hazlo perfecto.

  1. Cuando algo termina, termina. Por último, la cuarta de las leyes de la espiritualidad nos ilustra sobre la realidad de que solemos estar atados a un sinfín de historias y emociones. 

Decir adiós duele, pero cuando algo termina mantenerlo a nuestro lado es un ejercicio de masoquismo que generará un gran malestar y múltiples dependencias e inseguridades.

Seguir adelante y avanzar es la mejor opción para enriquecerse y no sufrir. Recuerda que la persona más influenciable con la que hablas cada día eres tú. Ten cuidado entonces con lo que te dices a ti mismo y fluye con la vida.

Deja fluir, no te aferres a nada ni a nadie, todo tiene su momento en nuestras vidas y también tiene un por qué.

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