Cada 17 de mayo, el planeta hace una pausa para conmemorar el Día Internacional del Reciclaje, una jornada dedicada no solo a sensibilizar sobre el manejo de residuos, sino a revisar los avances en la senda hacia una economía circular genuina. En México, una compañía ha sobresalido al revolucionar la visión de los envases una vez consumidos: Tetra Pak.
Aunque comúnmente reconocida solo como suministradora de envases para alimentos y bebidas, la firma ha forjado un esquema que va más allá de la producción, posicionándose como el impulsor de una vasta red nacional de reciclaje.
Alfredo Román Benítez, gerente de Sostenibilidad de Tetra Pak México, en entrevista comparte que, esta iniciativa promueve una visión holística que prioriza la colaboración estratégica en lugar del dominio total de la cadena. En un contexto donde la infraestructura de residuos en el país lidia con desafíos mayúsculos, este rol de «facilitador» emerge como un modelo adaptable y un ejemplo a seguir para la industria a nivel mundial.

Tetra Pak opera primordialmente bajo un esquema business to business (B2B), proporcionando soluciones de envasado a sus clientes. Sin embargo, su compromiso con el ciclo de vida del producto le obliga a mirar más allá del punto de venta. Para la empresa, el éxito no termina cuando un consumidor termina su leche o jugo, sino cuando ese envase vacío se reintegra a la cadena de valor como materia prima para nuevos productos.
Esta visión se sustenta por un diseño que sea factible de reciclar. A diferencia de la creencia popular de que sus envases son dificiles de reciclar debido a sus capas, la realidad técnica es mucho más sencilla: el 73% del envase es cartón, el 23% polietileno y el 5% aluminio. Esta composición permite que la primera etapa de reciclaje sea idéntica a la del papel convencional, utilizando tecnologías que han existido desde el siglo XIX.
Sobre este enfoque de facilitación, Alfredo Román explica lo siguiente:
«Tetra Pak es una empresa B2B y al ser una empresa con este modelo de negocio, es importante tener en cuenta que la compañía va más allá de proporcionar un envase a nuestros clientes. Es decir, buscamos estar involucrados en toda la cadena de valor del reciclaje de nuestros envases, una vez que estos ya cumplieron su función. Es decir, cuando tú ya recibiste un producto envasado, nosotros buscamos que este envase tenga una segunda vida, un segundo valor y al mismo tiempo aprovechar su valor residual.
Efectivamente Tetra Pak ya lleva muchos años teniendo este modelo en México. Realmente estamos buscando ser facilitadores de la cadena. Estamos conscientes de que debemos de impulsar para que nuestros envases se vayan a una cadena de reciclaje, al tiempo de tratar de ayudar a cada una de estas etapas».
La infraestructura de la circularidad: un rompecabezas de alianzas
Uno de los logros más destacados de Tetra Pak en México es la construcción de una red de aliados que hoy suma 18 empresas dedicadas específicamente al reciclaje de sus envases. En 2025, esta infraestructura permitió procesar más de 57,000 toneladas de envases, una cifra que es el resultado de casi tres décadas de trabajo continuo, pues el reciclaje de estos envases en México se remonta a 1997.
La empresa actúa como el pegamento de este ecosistema, proporcionando asesoría técnica, maquinaria y equipo a los recicladores. Un ejemplo tangible es la coinversión realizada con Bio Pappel, el mayor fabricante de papel en el país, donde Tetra Pak instaló una línea de reciclaje exclusiva en Tizayuca con capacidad para 15,000 toneladas anuales. Este tipo de alianzas demuestra que la sostenibilidad no es solo una declaración de principios, sino una inversión de capital en tecnología y capacidad instalada.

El renacimiento de los materiales
El proceso de reciclaje de un envase de Tetra Pak es una lección de aprovechamiento de recursos. La primera fase separa la fibra de cartón, la cual se dirige a la fabricación de servilletas, cajas corrugadas, tubos y bolsas de papel. Pero el verdadero desafío y oportunidad reside en el polialuminio, la mezcla de polietileno y aluminio que queda tras extraer la celulosa.
A través de procesos de prensado térmico, este material se transforma en láminas planas o acanaladas para techos industriales y mobiliario urbano, como pupitres, mesas, etc”. Alternativamente, el polialuminio puede ser peletizado para crear productos de alto valor añadido para la industria automotriz, tarimas, cubetas e incluso tinacos para agua. Esta versatilidad convierte a un residuo potencial en una materia prima estratégica para diversas industrias mexicanas. Román Benítez enfatiza la importancia de la tecnología en este proceso:
“La mayor parte de los materiales ya cuentan con tecnología para ser reciclados. Realmente el punto medular en toda esta cadena es la recolección y no únicamente en México, el reto es a nivel global, ¿cómo aceleramos la recuperación de estos materiales y que sea más eficiente y económicamente viable?
Esto funciona con base en un esquema de negocio, de oferta y demanda, un modelo que pueda avanzar, que ya opera con muchos materiales reciclables en el mundo, incluidos nuestros envases; pero todavía hay un largo camino por recorrer, no solo en México”.
El factor humano y la red de acopio
Detrás de las cifras de toneladas recicladas hay una estructura social fundamental. Tetra Pak cuenta con una red de más de 820 centros de acopio distribuidos por todo el país. Esta red es operada por un sistema de «promotoría», un grupo de personas cuya labor es, en palabras de Román Benítez, «evangelizadora». Su trabajo consiste en visitar centros de acopio, convencer a los dueños de que el envase de Tetra Pak es un material reciclable valioso y conectarlos con los recicladores finales, cerrando así la brecha comercial.
El impacto social de esta actividad es innegable. Mientras que la planta de fabricación de envases de Tetra Pak emplea a unas 300 personas, la cadena de reciclaje generada alrededor de sus productos sostiene a 420 familias de manera directa. Este «círculo virtuoso» demuestra que la economía circular no solo protege el medio ambiente, sino que es un motor generador de empleos y estabilidad económica para cientos de personas en México.

A pesar de contar con la tecnología y la infraestructura, el modelo de reciclaje de Tetra Pak tiene un punto crítico de falla: el origen. La empresa sostiene que el éxito de cualquier programa de manejo de residuos depende de que la ciudadanía disponga de ellos adecuadamente.
La «responsabilidad compartida» es el concepto clave aquí: la industria pone la tecnología, el gobierno el marco regulatorio, y el ciudadano la separación desde el origen.
Para facilitar esta tarea, Tetra Pak promueve cuatro pasos sencillos que garantizan que el envase sea procesable: vaciar el contenido, desprender las puntas, aplastarlo y cerrarlo (incluyendo tapas y popotes). Esta acción individual es lo que permite que el sistema pase de ser un deseo a un negocio viable y eficiente.

Sobre la importancia de la participación ciudadana, Alfredo Román comenta:
«En cualquier programa de manejo de residuos, yo te podría asegurar que el 80% del éxito del poder tener una recolección lo más eficiente posible es a través de que el ciudadano disponga de manera adecuada sus residuos. El ciudadano es el que tiene la principal responsabilidad para entregar a los recicladores estos residuos en las mejores condiciones.
Con ello, la ciudadanía cumple su función y la nuestra como empresas es precisamente es la de ser facilitadores para un propicio accionar de la cadena del reciclaje, en este caso de los envases. Imagínate que, tú separas como ciudadano tus residuos, les das un manejo adecuado, pero al final no sabes dónde canalizarlos, y obviamente ahí el esfuerzo sería inútil. En un momento dado el ciudadano separa sus residuos de manera adecuada, el gobierno y las empresas también deben hacer lo propio de manera que todo lo acopiado se canalice hacia la industria del reciclaje. Con eso estamos haciendo este esquema de economía circular y ya se habla de la responsabilidad compartida».
Un compromiso permanente
El Día Internacional del Reciclaje nos recuerda que la sostenibilidad no es una meta estática, sino un proceso de mejora continua. Tetra Pak, a través de su modelo de facilitador, ha demostrado que una empresa puede y debe asumir la batuta de la responsabilidad post-consumo. Con 25 años de experiencia en México bajo el programa Aliados en Reciclaje, 18 aliados industriales y una red de acopio en crecimiento, la compañía no solo recicla envases, está rediseñando la forma en que entendemos la industria y su relación con el planeta.

La economía circular en México es posible, pero requiere que todas las piezas del rompecabezas —sociedad, gobierno e industria— se unan con eficiencia y compromiso.
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