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Kellogg y CIMMYT hacen un llamado a migrar a una agricultura de conservación

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El proyecto entre Kellogg y CIMMYT ha logrado, en tres años, la adopción de prácticas agrícolas sostenibles en casi 7,000 hectáreas en Sinaloa y Guanajuato, aumentando 36% la productividad promedio de maíz 

A medida que crece la población mundial, hay una mayor demanda de alimentos y con esto, la presión sobre la tierra, que es un recurso limitado, también ha aumentado.

La superficie de tierras de cultivo por persona a nivel mundial disminuyó de forma constante, pasando de 0.45 hectáreas en 1961 a 0.21 hectáreas en 2016, de acuerdo con los últimos datos que comparte la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Ante esta problemática mundial, garantizar que las poblaciones en el mundo tengan acceso a alimentos nutritivos es un compromiso que Kellogg tiene como uno de los pilares de la sustentabilidad. Y, aunque hay diversas aristas desde las que se enfrentan estos desafíos, uno de ellos inicia con la tierra, que nos llama a actuar en contra del Cambio Climático.

En el marco del Día Internacional de la Madre Tierra, que se celebra el 22 de abril, la compañía refrenda su compromiso para sostener acciones, proyectos y estrategias que les permitan sostener una relación amigable con el medio ambiente; uno de ellos es el programa de Apoyo al Abastecimiento Responsable en México, que implementa la compañía en conjunto el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) desde 2017.

“Entre todos podemos construir una cadena de valor en sintonía con el medio ambiente. Para Kellogg y el CIMMYT es un orgullo impulsar proyectos como éste donde sumamos el esfuerzo de agricultores que producen más y mejor”, comenta Víctor Marroquín, director y presidente de Kellogg México.

Si se considera que el sector agropecuario es responsable del 24% de los gases de efecto invernadero, que contribuyen al Cambio Climático y del 70 % de las extracciones de agua de ríos, lagos y acuíferos. Y, además, con cada grado que aumente la temperatura de la Tierra, la producción de cereales se reduce 5%, aproximadamente; entonces, el nuevo modelo de producción y consumo sostenible debe procurar un menor impacto ambiental, y una mayor productividad y beneficios al productor.

Agricultura de Conservación

La Agricultura de Conservación, que promueve el proyecto de Kellogg y CIMMYT, permite avanzar en ese sentido: en tres años de trabajo en Sinaloa y Guanajuato se ha fomentado la adopción de prácticas agrícolas sostenibles en casi 7,000 hectáreas, aumentando 36 % la productividad promedio de maíz.

Tan solo en 2021, en esos estados, se trabajó con más de 350 agricultores, impactando en más de 2,400 hectáreas y produciendo cerca de 26,000 toneladas de maíz amarillo con prácticas y tecnologías de intensificación sustentable.

En los próximos años, esta iniciativa buscará impactar en cerca de 20,000 hectáreas para producir cerca de 180,000 toneladas de maíz cultivado con una huella de carbono reducida. A la fecha, se ha logrado usar menos combustible para la producción de granos; así como un uso más eficiente del riego.

Esta apuesta por la transferencia de conocimientos y el desarrollo de capacidades ayuda a que los productores tomen mejores decisiones respecto al manejo de sus cultivos, que puedan registrar ahorros en sus costos de producción y generen mayores ganancias; pero sobre todo, es la columna vertebral que permite concientizarlos sobre la importancia de su trabajo y su impacto en el mundo, desde el ambiente hasta la nutrición de las personas que consumen productos hechos con sus cultivos.

En el país, Kellogg apoya a más de un millón de productores agrícolas, especialmente a mujeres trabajadoras del campo y pequeñas agricultoras. Cabe destacar que el trabajo en general tiene cuatro pilares fundamentales: la salud del suelo, proteger la biodiversidad, detener la deforestación y mitigar los gases de efecto invernadero.

La producción sustentable de alimentos sanos y nutritivos nunca había sido tan relevante para la sociedad como ahora que la malnutrición en todas sus formas (desnutrición, insuficiencia de micronutrientes, sobrepeso, obesidad y enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación) impacta directa y visiblemente al sistema de salud, la economía y otros sectores.

Según las Naciones Unidas, hacer que los sistemas agroalimentarios sean sustentables y constructores de paz social ha sido y debe seguir siendo parte de la respuesta de las sociedades para reconstruir y hacer frente a la pandemia por COVID-19.

Además, construir y fortalecer alianzas para transformar los modos de producción y consumo es fundamental para asegurar la disponibilidad de alimentos hacia 2030, año en que debido al incremento poblacional será necesario duplicar la productividad agrícola.

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