En el marco del Día Internacional de la Mujer, la Secretaría de Economía reunió el miércoles 11 de marzo a representantes del sector público, organismos internacionales y empresas durante el foro “Liderazgo y participación paritaria de mujeres empresarias”.
En la segunda mesa del encuentro, moderada por Sofía Judith Pérez Barrera, del Instituto Nacional de Madres Profesionistas, las participantes analizaron los obstáculos estructurales y culturales que aún limitan el avance profesional de las mujeres en el ámbito empresarial, particularmente en los niveles más altos de liderazgo.
Las participantes coincidieron en que la desigualdad de género en el sector privado no solo representa una brecha de derechos, sino también un desafío para el desarrollo económico y la competitividad del país.
Una barrera invisible en la alta dirección
Al abrir la discusión, Pérez Barrera explicó que el llamado “techo de cristal” se refiere a una barrera invisible que impide que mujeres con preparación y experiencia similares a las de sus colegas hombres alcancen posiciones de alta dirección.
Según expuso, este fenómeno no responde a una falta de capacidades, sino a un entramado de prejuicios culturales que influye en la forma en que se evalúa el liderazgo dentro de las organizaciones.
Durante la conversación, Tanya Amador, VP de Business Development en Danone; Emilia Reyes, presidenta fundadora del Consejo Coordinador Empresarial de Mujeres, y Silvia Judith Méndez Cobos, vicepresidenta de Vinculación con Organismos Empresariales y Educación Superior en la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México, profundizaron en cómo estos sesgos se reflejan dentro del mundo corporativo.
Explicaron que comportamientos similares suelen interpretarse de manera distinta dependiendo del género: mientras la firmeza en un hombre se percibe como seguridad, en una mujer puede considerarse una actitud problemática. De forma inversa, el liderazgo colaborativo a menudo se interpreta erróneamente como falta de determinación cuando lo ejercen mujeres.
“Las mujeres enfrentamos una doble situación: tenemos que trabajar por hacer más y hacernos notar, demostrando que somos capaces en un entorno de sesgos que muchas veces nos inhabilitan desde el inicio de nuestras carreras”, afirmó Amador.
Barreras estructurales y el peso de los cuidados
Las participantes señalaron que el techo de cristal no puede entenderse sin considerar factores estructurales que afectan la participación de las mujeres en la economía. Lourdes Colinas, oficial a cargo de ONU Mujeres en México, señaló que uno de los principales retos para el país es avanzar hacia una “sociedad del cuidado”.
Recordó que gran parte del funcionamiento del sistema económico descansa en el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que realizan principalmente las mujeres. Durante el diálogo compartió que este trabajo representa alrededor del 26% del Producto Interno Bruto del país, una proporción incluso superior a la aportación del sector manufacturero.

Esta carga desigual obliga a muchas mujeres a reorganizar su tiempo o posponer oportunidades profesionales, lo que impacta en sus trayectorias laborales y en sus posibilidades de acceder a puestos de liderazgo.
A ello se suman normas sociales que condicionan el acceso de las mujeres a recursos productivos y brechas persistentes en el mercado laboral. Las panelistas señalaron que estas limitaciones también dificultan el crecimiento de empresas lideradas por mujeres, sobre todo cuando enfrentan obstáculos para acceder a financiamiento, tecnología o redes estratégicas.
Estrategias para cerrar brechas
Frente a este panorama, las participantes subrayaron que cerrar las brechas requiere tanto cambios culturales como herramientas concretas dentro de las organizaciones. Jessyca Cervantes, CEO de Smart Media Group, planteó que la conversación sobre los obstáculos que enfrentan las mujeres no debe quedarse únicamente en enumerarlos, sino en pensar qué hacer con esas experiencias.
Al intervenir en el panel, señaló que a lo largo de la historia las mujeres han enfrentado múltiples desigualdades y barreras, pero consideró que el desafío actual consiste en transformar esas experiencias en aprendizaje y fortaleza:
“Podemos quedarnos en el enojo, en la confrontación, en la división… o podemos transformar esa experiencia en aprendizaje, en fortaleza y en evolución […]. El verdadero cambio no se construye desde la reacción, sino desde la elevación de conciencia”, sostuvo y agregó que el liderazgo debe basarse en el respeto y la capacidad de construir de manera colectiva.
En ese sentido, consideró que el papel de las mujeres en el contexto actual va más allá de romper techos de cristal:
“Estoy convencida de que el papel de las mujeres en este momento histórico no es sólo romper techos de cristal, sino romper paradigmas”, expresó.
Cervantes también llamó a impulsar la autonomía y el emprendimiento femenino como una vía para fortalecer la libertad económica y el liderazgo femenino. “Las mujeres no venimos a repetir los modelos de poder del pasado; venimos a construir una nueva forma de liderazgo basada en la vida, el respeto y la evolución humana”, afirmó.
El problema del “talento fugado”
En la parte final del diálogo, Astrid Natividad González, directora general de Recursos Humanos en la Secretaría de Economía, abordó el fenómeno que algunas participantes describieron como “talento fugado”, es decir, la pérdida de talento femenino a lo largo de las trayectorias profesionales.
Explicó que al buscar perfiles para puestos directivos con frecuencia se observa una escasez de mujeres con más de 10 años de trayectoria laboral continua. Esta situación suele estar vinculada con interrupciones en sus carreras relacionadas con responsabilidades de cuidado.
Según expuso, estas pausas laborales no responden a falta de interés o ambición profesional, sino a una estructura social que todavía deposita de manera desproporcionada las tareas de cuidado en las mujeres. Esta dinámica termina generando brechas de experiencia que el propio sistema laboral penaliza al evaluar candidaturas para posiciones de liderazgo.
Natividad González compartió una anécdota reveladora: durante una reunión de alto nivel, la presidenta Claudia Sheinbaum detuvo el protocolo para notar que, en una mesa llena de hombres, una sola mujer —la propia Astrid— acompañaba la misión. La mandataria lo hizo visible, subrayando que las mujeres todavía tienen que ser «invitadas» o «autorizadas» para estar en los espacios de poder.
Finalmente, las participantes afirmaron que avanzar hacia la paridad en el liderazgo empresarial no debe entenderse únicamente como una cuestión de justicia social, sino también como una estrategia de desarrollo económico que permita aprovechar plenamente el talento disponible en el país.
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