La gigante china de moda rápida Shein estaría cerca de concretar la compra de la firma estadounidense Everlane, por alrededor de 100 millones de dólares; en una operación que genera sorpresa dentro de la industria textil debido al fuerte contraste entre los modelos de negocio y valores de ambas compañías.
Everlane construyó su reputación como una marca con enfoque en sostenibilidad, transparencia en costos y fabricación ética. Desde su fundación en 2011, la empresa se posicionó como una alternativa al fast fashion, promoviendo materiales de menor impacto ambiental y prácticas de producción más responsables. En contraste, Shein se convirtió en uno de los mayores exponentes globales de la moda ultrarrápida, un segmento constantemente cuestionado por sus impactos ambientales y laborales.
La posible adquisición fue revelada inicialmente por medios especializados y, de concretarse, representaría un movimiento estratégico para Shein en momentos en que la compañía busca mejorar su percepción pública y fortalecer su narrativa de sostenibilidad frente a reguladores, inversionistas y consumidores. El acuerdo también daría a la empresa china acceso a la presencia física de Everlane en Estados Unidos, incluyendo 11 tiendas.

Detrás de la operación
Detrás de la operación también existe un contexto financiero complejo. Everlane atravesaba dificultades económicas derivadas del incremento de costos operativos, la desaceleración del consumo y una deuda cercana a los 90 millones de dólares; situación que habría motivado a su principal accionista, la firma de capital privado L Catterton, a buscar una salida estratégica.
La noticia provoca reacciones encontradas dentro de la industria y entre consumidores que durante años identificaron a Everlane como una marca asociada con prácticas éticas y consumo responsable. Diversos analistas consideran que la adquisición refleja las crecientes dificultades que enfrentan las compañías de moda sostenible para competir en un mercado dominado por precios bajos, velocidad de producción y altos volúmenes de consumo.
Al mismo tiempo, la operación reabre el debate sobre el impacto ambiental del fast fashion y los esfuerzos de las grandes compañías por reposicionarse bajo estrategias de sostenibilidad. Shein es objeto de críticas en relación con emisiones, sobreproducción y condiciones laborales dentro de su cadena de suministro.
Aunque la empresa ha anunciado metas para reducir emisiones y aumentar el uso de energía renovable hacia 2030, especialistas y organizaciones ambientales continúan cuestionando la compatibilidad entre el modelo de moda ultrarrápida y los principios de sustentabilidad.
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