El Mundial de 2026 promete marcar una nueva etapa para el fútbol internacional; sin embargo, las proyecciones ambientales cuestionan su sostenibilidad. Aunque la FIFA destaca el uso de infraestructura existente y una estrategia basada en criterios ambientales, diversos análisis apuntan a que el torneo podría convertirse en el más contaminante de la historia debido al transporte aéreo masivo y al elevado consumo energético.
La escala supera los beneficios
A diferencia de Qatar 2022, la próxima Copa del Mundo utilizará en gran medida estadios ya construidos en Canadá, Estados Unidos y México; por ello, la FIFA presenta este modelo como una alternativa más responsable con el medio ambiente. No obstante, especialistas advierten que la sostenibilidad de un megaevento no depende únicamente de evitar nuevas construcciones.
El problema radica en la magnitud del torneo. La expansión de 32 a 48 selecciones y de 64 a 104 partidos incrementa la movilidad de equipos, personal y aficionados; además, la dispersión de las sedes a lo largo de Norteamérica reduce cualquier beneficio derivado de la infraestructura existente.
El peso de las emisiones indirectas
Las llamadas emisiones de alcance 3 concentran gran parte de la preocupación ambiental. Estas provienen principalmente de los desplazamientos aéreos que conectarán ciudades tan distantes como Vancouver, Miami y Ciudad de México; según diversas estimaciones, el transporte podría representar más del 85 % de la huella de carbono total del certamen.
Informes especializados señalan que el Mundial 2026 podría superar los nueve millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente. Esta cifra colocaría al torneo por encima de ediciones anteriores y pondría en entredicho los objetivos de sostenibilidad que la organización promueve como parte de su estrategia ambiental.
Una paradoja para el fútbol global
Las altas temperaturas previstas en varias sedes norteamericanas añaden un nuevo desafío. Para garantizar condiciones adecuadas para jugadores y aficionados, algunos estadios requerirán un uso intensivo de sistemas de aire acondicionado; sin embargo, esta medida implica un mayor consumo energético y, en consecuencia, más emisiones.
La situación refleja una paradoja climática cada vez más visible. Mientras el fútbol busca adaptarse a los efectos del calentamiento global, las soluciones aplicadas pueden intensificar el problema. En este contexto, expertos consideran que la sostenibilidad del deporte dependerá de cambios más profundos; entre ellos, reducir distancias, limitar el crecimiento de los torneos y priorizar el impacto ambiental por encima de los indicadores comerciales.

