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¿Realmente es sustentable la transición energética?

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¿Realmente es sustentable la transición energética?

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El reto actual es la transición energética camino a una vida más sustentable y respetuosa con el medioambiente. Sin embargo, surge una duda común ¿realmente es sustentable la transición energética? En ese sentido va el artículo de opinión de esta entrega de Vanessa Maggiore 

Por: Vanessa Maggiore Gómez Asencio, Doctora en Economía y Regulación Energética por la Universidad Panamerican

Vanessa Maggiore Gómez Asencio

33% de GEI provienen del sector energético

La electricidad, juega un papel relevante, no sólo en las economías modernas sino en la vida humana. Ya que todas las actividades y operaciones en lo cotidiano necesitan electricidad para funcionar ya sea directa o indirectamente.

Sin embargo, la generación de electricidad es una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global y el cambio climático que amenaza el desarrollo sostenible.

El sector energético representa casi las tres cuartas partes de las emisiones de efecto invernadero globales, según información de Climate Watch. Esto se debe a que la mayor parte de la electricidad mundial se genera a partir de fuentes de energía provenientes de combustibles fósiles, como el carbón, petróleo y gas.

Dado el rol básico de la energía como palanca para el desarrollo sostenible, la selección óptima de fuentes de energía verde y bajas en carbono sigue siendo un objetivo clave para todas las naciones para hacer frente a la crisis climática. Por tal motivo, la descarbonización de los sistemas energéticos globales es uno de los mayores y más importantes desafíos que enfrenta la humanidad en el siglo XXI.

Un camino lleno de desafíos

Una transición rápida y amplia hacia la energía renovable (las que provienen del sol o el viento, por nombrar algunas) será esencial para lograr los objetivos establecidos en el Acuerdo de París referente a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y limitar el aumento de la temperatura media mundial a 1.5 °C por encima del nivel preindustrial.

Pero cambiar de la era de los combustibles fósiles a la de las energías renovables no está exento de desafíos. En la raíz de estos desafíos se encuentra el problema de la densidad energética de las energías renovables en comparación con las fósiles. Es decir, para producir la misma densidad de energía con energías renovables, necesitamos más espacio para instalar la infraestructura que generará energía solar. Y, de manera crítica, requeriremos más minerales y metales para construir la infraestructura en forma de paneles solares, turbinas eólicas, vehículos eléctricos, baterías de almacenamiento, entre otras tecnologías limpias.

¿Y las materias primas?

Necesitaremos más materias primas como litio, cobalto, grafito y tierras raras. Minerales que tienen un nivel de concentración baja en la corteza terrestre. De igual forma, será necesario desarrollar mayor infraestructura en redes de transmisión de energía eléctrica donde los materiales más utilizados para su elaboración son cobre y aluminio.

La Agencia Internacional de Energia (IEA) dice que al nivel actual de innovación, un auto eléctrico requiere seis veces más insumos minerales que un auto convencional. Y esto es sólo el comienzo. De acuerdo con el Banco Mundial, se espera que la demanda de materias primas como el grafito y cobalto aumente 500% de aquí a 2050, debido a la transición energética que atraviesa el mundo.

Por eso es que los minerales de referencia implican la construcción de al menos 330 nuevas minas para el 2035.

Disputa por recursos

La demanda de minerales actualmente esta “explotando”. Si se considera que el sector minero jugará un papel clave en la transición hacia un futuro bajo en carbono, es necesario preguntarse: ¿dónde se van a crear esas minas?

Desafortunadamente, esto ocurrirá en países caracterizados por la fragilidad institucional. Donde las instancias estatales reguladoras y la regulación son laxas. En las cuales su nivel de democracia y estado de derecho es débil, la transición energética y su demanda por minerales nos dirige nuevamente hacia una disputa por recursos. Ahí encontramos a los “big players” que se fijan en los países con enormes depósitos de minerales. Y lo más obvio es que varios de estos países están ubicados en su mayor parte en el Sur de África, América Latina, Asia Central y en el Indo-Pacifico.

Sin embargo, muchos de estos países tienen perfiles de riesgo superpuestos. En otras palabras, donde se encuentran estos recursos coincide con países que tienen altos índices de corrupción. Y resultan ser los más vulnerables en materia climática.

Si consideramos el litio como proxy de un componente clave en la producción de baterías, la demanda global entre los años 2010 y 2020 aumentaría casi 300%. En realidad esta excediendo la demanda pronosticada de modelos anteriores.

Entonces, por una parte esto es una buena noticia para nuestro estado de cuenta climático, pues indica que el proceso de descarbonización ya empezó. No obstante, desde una perspectiva ecológica y social necesitamos ser mucho más relativos. En vista de que aparentemente nuestro futuro “limpio” será mucho más intensivo en minerales y metales que antes.

Litio y huella de carbono ¿realmente beneficia?

Sigamos con el ejemplo del litio. ¿De donde viene? La mayor parte viene de Australia o del Desierto de Atacama en Chile. Ese litio comunmnete se envía a China para refinarlo y posteriormente  a Europa o Reino Unido para que su fin último sea ponerlo en baterías para vehículos eléctricos. Como dato curioso, el litio de las baterías de los coches eléctricos en promedio viaja 50 mil kilómetros antes de que el coche pueda ser conducido por primera vez. Esto trae consigo una gran huella de carbono.

Otro componente vital de las baterías de litio es el cobalto. Con base en la última Revisión Estadística de BP World Energy 2022, más del 70% del cobalto del mundo se produce en la República Democrática del Congo (RDC). Además, entre el 15 y el 30% de éste se produce mediante minería artesanal y de pequeña escala. Por varios años se han documentado graves problemas de derechos humanos en las operaciones mineras. Se calcula que alrededor de 40 mil niños y niñas trabajan en las minas de la RDC para extraer este material. Entonces existe una probabilidad alta de que el cobalto usado para la batería de tu teléfono haya provenido de ese país; con todos los problemas sociales asociados.

En conclusión, nuestras economías modernas han avanzado y crecido durante dos siglos mediante el gigantesco punto ciego de la explotación de combustibles fósiles y sus consecuencias imprevistas. No hay duda de que la descarbonización es el camino por seguir. No obstante, la transicion energética y su alta demanda por minerales nos dirige nuevamente hacia una nueva disputa por recursos. La cual, de no tomar las medidas y atención necesaria, podría terminar por debilitar la integridad ecológica y aumentar los riesgos de conflictividad social. En consecuencia, con esto cuestionar el carácter “sustentable” de la transición energética.

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