La recuperación de la biodiversidad en los bosques boreales después de la tala rasa podría requerir mucho más tiempo del que se había estimado. Un estudio internacional publicado en la revista Nature Sustainability concluye que, aunque algunas especies logran restablecerse en pocas décadas, numerosos grupos de plantas y animales necesitan más de 100 años para recuperar las condiciones ecológicas previas al aprovechamiento forestal, lo que plantea importantes desafíos para el manejo sostenible de estos ecosistemas.
La investigación, encabezada por especialistas de la Universidad de Alberta, analizó 190 conjuntos de datos provenientes de bosques boreales y hemiboreales de Norteamérica, Europa y Rusia. El equipo evaluó la evolución de comunidades de aves, artrópodos, pequeños mamíferos, líquenes, musgos y plantas vasculares tras la tala de árboles, comparando áreas intervenidas con bosques sin explotación para determinar cuánto tiempo tarda la biodiversidad en recuperar su composición original.
Los resultados muestran que cerca de la mitad de los casos estudiados alcanzan niveles de recuperación en un periodo igual o inferior a 30 años. Sin embargo, en los bosques dominados por coníferas o de composición mixta, el panorama cambia significativamente. Los investigadores estiman que los pequeños mamíferos pueden tardar más de 55 años en recuperarse; las plantas vasculares, alrededor de 85 años; los líquenes, aproximadamente 95 años; y los musgos y hepáticas, más de un siglo. En el caso de ciertos escarabajos asociados a la madera muerta, ni siquiera se observaron señales de recuperación dentro del periodo analizado.

El estudio advierte que estos tiempos de recuperación son incompatibles con muchos de los ciclos actuales de aprovechamiento forestal, que suelen oscilar entre 60 y 80 años. Si la tala rasa continúa aplicándose bajo los esquemas tradicionales, algunas especies que dependen de bosques maduros podrían no alcanzar a restablecerse antes de una nueva intervención, incrementando el riesgo de una pérdida gradual de biodiversidad en el paisaje forestal.
Los autores subrayan que no todos los bosques responden de la misma manera. Mientras que las formaciones de árboles de hoja ancha presentan una recuperación relativamente rápida e, incluso, algunas comunidades muestran resistencia a la perturbación, los bosques de coníferas concentran las mayores dificultades para restablecer su estructura ecológica. Esto sugiere que las estrategias de manejo forestal deberían adaptarse a las características de cada tipo de bosque en lugar de aplicar modelos uniformes de aprovechamiento.
Entre las principales recomendaciones del estudio destacan la ampliación de los periodos entre cosechas forestales, la conservación de elementos propios de los bosques maduros —como árboles de gran tamaño y madera muerta—, la implementación de prácticas de aprovechamiento con mayor retención de vegetación y el establecimiento de áreas protegidas donde no se realicen actividades de tala. Estas medidas podrían favorecer la permanencia de especies con ciclos de recuperación más lentos y fortalecer la resiliencia de los ecosistemas.
Los investigadores también recuerdan que los bosques boreales desempeñan un papel estratégico para el planeta. Además de albergar una enorme diversidad biológica, representan cerca del 30% de la superficie forestal mundial y almacenan una proporción significativa del carbono terrestre, por lo que su conservación resulta esencial tanto para mitigar el cambio climático como para mantener servicios ecosistémicos fundamentales.
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